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LA CRISIS CHILENA: UNA VERDAD QUE NO PODEMOS ESCONDER

La inspiración en tiempos del coronavirus nos hace reflexionar acerca de lo que esta sucediendo en Chile, en especial, con aquellos que sólo buscan destruir en momentos de crisis.

Sin duda, hay elementos y características que demuestran que claramente tenemos que darle trabajo a los sociólogos, sicólogos  y a los siquiatras para que puedan elaborar un diagnóstico objetivo de lo que sucede en nuestro país.

Sin inmiscuirme en él área de ellos, ya que me declaro completamente ignorante en la materia, voy hacer un análisis muy simplista de lo que esta sucediendo, utilizando sólo el sentido común y la mirada de un chileno más.

La intolerancia, la agresividad y la violencia en las redes sociales para descalificar al gobierno y criticar las medidas que ha implementado, sumado a la agresión que sufren todos aquellos que defienden al Estado o llaman a la unidad, se suma la estrategia de grupos que utilizan información falsa para confundir a la población, demostrando qué hay personas que sólo  quieren destruir y que su nivel de odio no sólo lo proyectan en las redes sociales a través del anonimato o de la “distancia social” que produce la tecnología sino también en su vida cotidiana, reflejando una amargura que se transmite al resto de su núcleo familiar.

Esto es gravísimo porque atenta contra la libertad de expresión ya que sin duda, es una medida coercitiva para quienes piensan diferente y por miedo a la agresión o a la descalificación maliciosa, prefieren callar transformándose en una mayoría silenciosa que ve cómo día a día se deteriora la precaria estabilidad que poseemos como sociedad.

Lo anterior, se suma a las movilizaciones de grupos anárquicos que buscan por medio de la violencia física desestabilizar al sistema con consignas extemporáneas que parece que todavía seduce a una parte importante de la población con discursos populistas y con noticias falsas para manipular a la gente y atraerlas para que legitimen su objetivo.

La violencia verbal de las redes, las noticias falsas para manipular a la opinión pública, la violencia física de las calles, los discursos populistas y la complicidad de los medios de comunicación que se presta para ser el canal de información de estas consignas nos van a llevar directamente a la cresta.

Todo lo anterior, prueba que en Chile la libertad de expresión no se respeta y por extraño que pudiera parecer no es el Estado quien la viola sino los grupos minoritarios que a través de la violencia, generan miedo en la gran mayoría de los chilenos que quieren vivir en paz y superar esta crisis sanitaria lo antes posible, ya que, no sólo afecta la salud de ellos y sus familias sino también, su calidad de vida a tal punto que cada día que pasa o pierden sus trabajos o simplemente no tienen como alimentar a sus familias.

Esto es sólo parte de lo que estamos viviendo. Esto es lo que vemos a diario en nuestro país, sin embargo, nos falta lo más duro que nos toca vivir en nuestro fuero interno y que debemos cargar con la pena y con la impotencia de ver lo más malo del ser humano, la mezquindad, el individualismo, la avaricia. Características que afloran cuando hay situaciones de crisis y donde se acuña el concepto “sálvese quien pueda” sin importar lo que le pase al resto.

En este escenario vemos la envidia y la codicia de quienes quieren sacar un provecho económico utilizando las necesidades básicas y urgentes de las personas. también vemos cómo aparecen los inescrupulosos de la clase política que día a día quieren ver en el suelo al Gobierno con él objeto de alcanzar el poder a expensas del sufrimiento de la gente. Un claro ejemplo es ver como cada vez que las cifras de contagiados aumentan o cuando la crisis económica afecta la calidad de vida de miles de familias, salen a vociferar y a criticar al Presidente aduciendo que “ellos lo podrían hacer mejor”.

Este es la realidad que nos toca vivir todos los días y que nos esta destruyendo como sociedad como un cáncer que se ramifica de a poco y que nos consume lentamente en nuestro interior.

Cuesta escribir sólo lo malo, pero es la verdad, una verdad que muchas veces las personas prefieren relativizar para no ver lo que sucede y simplemente hacerse el huevón, porque siempre es más  fácil no asumir nuestra responsabilidad viviendo en un mundo irreal con una verdad manipulada para beneficiarnos.

En definitiva, es la verdad, una verdad que no se puede desmentir pero que se puede manipular para conveniencia de los intereses personales de cada uno. Sin embargo, creo que este sencillo diagnostico es una pequeña luz al final del túnel y que si somos capaces de asumir que debemos cambiar, Chile va a salir victorioso. Para eso un solo consejo, UNIDAD, SOLIDARIDAD, HUMANIDAD Y RESPONSABILIDAD.

Un abrazo

Gustavo Hasbun